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Cinco presidentes de América Latina son hijos de líderes políticos: el auge de los «nepobabies» en el poder

  • por PERIODISTA 360
  • 31 de julio, 2026

Quiénes son y por qué se consideran como una amenaza para la democracia.


Por Jimena Tapia Arenas

El término «nepobaby», popularizado en el mundo del espectáculo para describir a los hijos de celebridades que construyen su carrera con el respaldo de un apellido conocido, también comenzó a instalarse en la política. En América Latina, el fenómeno adquiere una dimensión inédita: por primera vez en la historia reciente, cinco presidentes de la región son hijos de expresidentes o de figuras políticas de gran influencia.

La reciente elección de Keiko Fujimori como presidenta de Perú volvió a poner el foco sobre un fenómeno que trasciende las ideologías. Más allá de las diferencias entre gobiernos de derecha, centro o izquierda, los analistas coinciden en que el peso del apellido continúa siendo una ventaja competitiva en las urnas.

Quiénes son los «nepobabies» que hoy gobiernan América Latina

Según pudo saber Notas de Actualidad, varios jefes de Estado llegaron al poder con un apellido ampliamente reconocido en sus países:

  • Keiko Fujimori (Perú): hija del expresidente Alberto Fujimori.

  • Daniel Noboa (Ecuador): hijo del empresario y excandidato presidencial Álvaro Noboa.

  • Rodrigo Paz (Bolivia): hijo del expresidente Jaime Paz Zamora.

  • Luis Abinader (República Dominicana): hijo del exsenador y excandidato presidencial José Rafael Abinader.

  • Bernardo Arévalo (Guatemala): hijo del expresidente Juan José Arévalo.

Cada uno representa una historia distinta, aunque todos comparten un elemento en común: el reconocimiento previo de su apellido ante el electorado.

Otro caso emblemático de la historia argentina fue el de Luis Sáenz Peña y Roque Sáenz Peña, padre e hijo que llegaron a ocupar la Presidencia de la Nación. Luis Sáenz Peña gobernó la Argentina entre 1892 y 1895, mientras que su hijo Roque Sáenz Peña ejerció la presidencia entre 1910 y 1914.

Ambos pertenecieron a una de las familias más influyentes de la política argentina de fines del siglo XIX y comienzos del XX. Luis Sáenz Peña asumió la presidencia luego de la crisis política que atravesó el gobierno de Carlos Pellegrini y llegó al poder como candidato de la Unión Cívica Nacional. Sin embargo, su mandato estuvo marcado por fuertes conflictos internos y renunció en 1895.

 

¿Qué significa ser un «nepobaby» en política?

En el ámbito político, el concepto hace referencia a dirigentes que heredan una plataforma pública construida por sus familias.

Según la investigadora Mónica Montaño, coordinadora del Observatorio Político-Electoral de la Universidad de Guadalajara, el capital familiar continúa siendo un factor determinante en América Latina.

La especialista sostiene que los apellidos funcionan como una marca política que facilita el reconocimiento, el acceso a redes de poder y la construcción de confianza entre parte del electorado.

El apellido puede abrir puertas… o convertirse en una carga

Aunque un apellido conocido ofrece ventajas, también puede representar un obstáculo.

El caso de Keiko Fujimori es uno de los más claros. Su carrera política estuvo marcada por el legado de su padre, condenado por delitos de corrupción y violaciones a los derechos humanos durante su gobierno.

Tras tres derrotas presidenciales consecutivas, logró finalmente llegar al poder, aunque el debate sobre el legado del fujimorismo continúa dividiendo a la sociedad peruana.

En contraste, el presidente boliviano Rodrigo Paz heredó una imagen mucho menos controvertida. Su padre, Jaime Paz Zamora, gobernó Bolivia entre 1989 y 1993 dentro de un régimen democrático, lo que convirtió ese apellido en un activo político.

¿Por qué el fenómeno se concentra en líderes de derecha?

Los especialistas consultados coinciden en que no se trata de una casualidad. El analista internacional Farid Kahhat, entrevistado para la cadena de noticias CNN, sostiene que muchas familias vinculadas a la derecha poseen mayores recursos económicos, empresariales y redes de influencia, factores que facilitan el acceso a la política.

En el caso de Daniel Noboa, por ejemplo, pertenece a una de las familias empresariales más poderosas de Ecuador y heredó una estructura política construida durante décadas por su padre.

La principal excepción es Bernardo Arévalo, presidente de Guatemala e identificado con la centroizquierda, cuyo padre fue una figura histórica de la denominada «Primavera Democrática».

¿Es una amenaza para la democracia?

Para algunos expertos, el crecimiento de las dinastías políticas refleja una debilidad estructural de los partidos tradicionales.

Cuando los liderazgos dependen más de los apellidos que de las instituciones, sostienen los analistas, disminuye la renovación política y aumentan las posibilidades de concentración del poder en determinadas élites.

Sin embargo, otros especialistas recuerdan que el apellido, por sí solo, no garantiza el éxito electoral. Los votantes siguen evaluando el contexto económico, la seguridad, las propuestas y el desempeño de cada candidato durante la campaña.

Los próximos «nepobabies» que podrían competir por la presidencia

El fenómeno podría seguir creciendo en los próximos años.

Entre los nombres que aparecen en el radar político se encuentran:

  • Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente brasileño Jair Bolsonaro.
  • Máximo Kirchner, hijo de los expresidentes argentinos Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner.
  • Integrantes de la familia Zelaya-Castro en Honduras, cuyos hijos han sido mencionados como posibles candidatos presidenciales.

Si alguno de ellos llega al poder, América Latina podría consolidar una nueva etapa marcada por el regreso de los grandes apellidos a la política regional.

¿Por qué crecen los «nepobabies» en América Latina?

El avance de los llamados «nepobabies» responde a una combinación de factores: la crisis de los partidos tradicionales, el peso del reconocimiento público, las redes familiares de poder y la búsqueda de figuras conocidas en contextos de alta incertidumbre política.

Para los especialistas, el desafío será determinar si estos liderazgos representan una renovación real o si, por el contrario, consolidan el regreso de las dinastías políticas en una región que históricamente ha oscilado entre el cambio y la continuidad del poder.

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