Una crisis financiera llevó a la empresa a tomar la drástica decisión de solicitar la quiebra.
La cadena de panaderías Pandanés cerró sus 25 sucursales y despidió a unos 150 trabajadores luego de atravesar una crisis financiera que había llevado a la empresa a entrar en concurso preventivo. La firma comunicó durante la madrugada de este viernes que dejó de operar y que solicitará su quiebra.
Los empleados recibieron la noticia cerca de las 3 de la mañana a través de un mensaje de WhatsApp, en el que la empresa explicó que se había quedado sin fondos para continuar funcionando y afrontar sus obligaciones. A partir de este viernes 2 de octubre, los trabajadores fueron informados de que ya no debían presentarse a sus puestos.
“La situación llegó a un punto en el que la empresa se quedó sin los fondos necesarios para continuar funcionando y para afrontar las obligaciones que tiene por delante”, señaló la compañía en el mensaje enviado al personal.
La firma también sostuvo que había buscado alternativas para sostener el negocio y preservar los puestos de trabajo, pero que finalmente no encontró una solución viable. Con el pedido de quiebra, el futuro de la empresa y las obligaciones pendientes quedarán sujetos al proceso judicial correspondiente.
Los trabajadores no pudieron retirar sus pertenencias
El cierre de los locales tomó por sorpresa a los empleados, que no pudieron ingresar a las sucursales para retirar sus objetos personales debido a que, según denunciaron, durante la madrugada fueron cambiadas las cerraduras.
Uno de los trabajadores despedidos relató la situación: “Andá a saber a qué hora de la madrugada se dedicaron a cambiar las cerraduras y tapar todo. Nuestras cosas quedaron adentro”.
Los empleados estaban al tanto de que Pandanés atravesaba un concurso preventivo. Según contó uno de ellos, desde la empresa les habían transmitido que llegarían fondos de rescate provenientes de Dinamarca para intentar sostener la actividad.
En cuanto a los salarios, el trabajador aseguró que los sueldos fueron depositados el miércoles, junto con el aguinaldo correspondiente que debía haberse abonado en junio. Sin embargo, afirmó que no se habían realizado los aportes ni efectuado los pagos correspondientes a la obra social y que tampoco habían recibido indemnizaciones.
La situación ya había comenzado a afectar a algunas sucursales. El viernes anterior habían cerrado los locales ubicados en avenida San Martín, en Villa Crespo, y en la calle Sanabria, en Villa Devoto. En ese momento, a los empleados les habían explicado que los alquileres eran demasiado elevados y que no podían renovarlos.
La crisis financiera que llevó al cierre
Pandanés había explicado en una presentación judicial realizada en noviembre del año pasado que atravesaba una fuerte caída de la actividad. La empresa atribuyó el deterioro de su situación a la incertidumbre, la recesión, la inflación y el aumento de los costos.
Según ese documento, esos factores habían provocado una caída “abrupta y persistente” del consumo, que superaba el 50% del volumen histórico de la compañía.
El modelo de negocio de la cadena estaba basado en la panificación artesanal con producción centralizada en una planta de 1.700 metros cuadrados. En medio de la crisis, la empresa acumuló cheques rechazados por unos $58 millones y reconoció ante la Justicia que los documentos emitidos para cumplir con sus obligaciones superaban su capacidad de recaudación.
La compañía aseguró que había implementado distintas medidas para intentar revertir el escenario, entre ellas la reducción de costos, la renegociación de alquileres, cambios de proveedores, ampliación del surtido de productos, acuerdos impositivos y una reorganización operativa.
Sin embargo, esas medidas no alcanzaron para evitar el cierre definitivo de los locales y el pedido de quiebra anunciado este viernes.
La caída del consumo en las panaderías
La crisis de Pandanés se produjo en un contexto de fuerte contracción de las ventas en el sector panadero. De acuerdo con la Cámara de Industriales Panaderos (CIPAN), las ventas de pan tradicional habían registrado una caída de entre el 50% y el 60%, mientras que las de facturas y productos de pastelería habían disminuido alrededor de un 80%.
Desde la entidad habían advertido que los consumidores modificaron sus hábitos de compra frente a la pérdida de poder adquisitivo. “La gente ya no compra por kilo, sino por lo que le alcanza en el bolsillo”, había señalado la cámara.
El cierre de Pandanés deja así a unos 150 trabajadores sin empleo y 25 locales fuera de funcionamiento, mientras la empresa se encamina hacia un proceso de quiebra que deberá tramitarse en la Justicia.





