El cantante atravesó distintas etapas de la historia argentina y convirtió su música en una forma de contar los conflictos y las experiencias de su tiempo.
Piero, uno de los nombres más reconocidos de la música popular argentina, murió después de una trayectoria que atravesó generaciones, países y distintos momentos de la historia latinoamericana. Nacido como Piero Antonio Franco De Benedictis el 19 de abril de 1945 en Gallipoli, Italia, llegó a la Argentina cuando tenía tres años y creció entre Banfield y Allen, Río Negro.
Fue en Allen donde tuvo sus primeros acercamientos con la música. Durante su juventud ingresó al seminario y pasó por Viedma y Villa Devoto, una etapa que combinó formación religiosa con inquietudes artísticas y una creciente sensibilidad por las problemáticas sociales. En 1964 comenzó su carrera profesional en televisión, donde interpretaba principalmente canciones italianas.
El gran salto llegó a fines de esa década, cuando conoció al periodista y escritor José Tcherkaski. La sociedad creativa entre ambos fue determinante para su carrera y desembocó en 1969 en la publicación de “Mi viejo”, canción que rápidamente se convirtió en uno de los grandes clásicos de la música popular argentina y amplió su reconocimiento en otros países de América Latina.
De “Mi viejo” a la canción social
Piero consolidó su carrera durante los primeros años de la década de 1970 con canciones como “Juan Boliche”, “Vengo”, “Llegando llegaste” y “Pedro Nadie”. Esta última obtuvo en 1970 el primer puesto y los tres Gallos de Oro del Festival Internacional da Canção de Río de Janeiro. Su repertorio comenzó entonces a incorporar de manera cada vez más marcada cuestiones vinculadas con la desigualdad y los conflictos sociales.
Golpe al juego ilegal: bloquearon siete plataformas clandestinas en la Ciudad
Los discos “Coplas de mi país”, de 1972, y “Para el pueblo lo que es del pueblo”, de 1973, profundizaron esa orientación. Temas como “Los americanos”, “Las cosas que pasan” y “Que se vayan ellos” quedaron asociados a una etapa de fuerte compromiso con las problemáticas políticas y sociales de América Latina.
Esa exposición también tuvo consecuencias. Piero denunció haber sufrido hostigamientos y un intento de secuestro y, después del golpe de Estado de 1976, debió abandonar la Argentina. Durante el exilio pasó por Italia y España, donde se alejó parcialmente de los escenarios y trabajó en actividades rurales, aunque continuó componiendo.
Regresó al país en 1981, cuando la dictadura atravesaba su etapa final, y retomó su actividad musical. Con el tiempo amplió su obra hacia la música infantil y los proyectos comunitarios. Colombia se convirtió además en un lugar central de su vida artística y social: recibió la ciudadanía de ese país en 1994 y desarrolló allí distintas iniciativas vinculadas con la educación y la agricultura orgánica.
Su trayectoria fue reconocida con el Diploma al Mérito de la Fundación Konex en 1985 y, décadas más tarde, con un Latin Grammy a la Excelencia Musical en 2016. También compartió escenarios y proyectos con artistas como Mercedes Sosa, León Gieco, Fito Páez, Lito Vitale, Pablo Milanés y Juan Carlos Baglietto. Su obra quedó vinculada a canciones que hablaron de la familia, las desigualdades, el exilio y la vida cotidiana.





