La celebración privada organizada por Macron para el presidente estadounidense concluyó de manera imprevista con un pacto histórico.
Lo que debía ser una elegante cena de gala en el Palacio de Versalles para despedir al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tras la cumbre del G7, terminó convirtiéndose en una inesperada escena de diplomacia improvisada, lujo y varios momentos que rompieron el protocolo.
La velada, organizada por el presidente francés Emmanuel Macron y la primera dama Brigitte Macron, tenía un programa cuidadosamente diseñado: una recepción en la Corte de Honor, un recorrido por el Salón de los Espejos, una exposición dedicada a la independencia de Estados Unidos y una cena de gala preparada por el reconocido chef Alain Ducasse.
El retraso que alteró toda la agenda
Según pudo saber Notas de Actualidad, la cena estaba convocada para las 19:30, pero Trump llegó con más de dos horas de retraso. Antes de viajar a París, el mandatario estadounidense se extendió en una larga conversación con la prensa en Évian y volvió a detenerse para hablar con periodistas al aterrizar en el aeropuerto de Orly.
Mientras tanto, Macron y Brigitte aguardaban en la entrada del palacio. El retraso obligó a modificar toda la agenda y aumentó la tensión entre los organizadores.

La situación se volvió aún más insólita cuando el conductor de «The Beast», la limusina blindada del presidente estadounidense, tomó un camino equivocado al ingresar al Palacio de Versalles. El vehículo quedó momentáneamente fuera del recorrido previsto, obligando a reorganizar el operativo de seguridad.
El gesto de Trump que rompió el protocolo
Cuando finalmente llegó a Versalles, Trump volvió a descolocar a los anfitriones. En lugar de esperar la recepción formal, caminó delante de la pareja presidencial francesa y saludó a Brigitte Macron con dos besos en las mejillas, un gesto que alteró el protocolo establecido para la ceremonia.
Las imágenes mostraron a Emmanuel Macron visiblemente incómodo, mientras la primera dama francesa apenas podía contener la risa ante la escena.
La inesperada firma del acuerdo con Irán
La gran sorpresa de la noche llegó durante la cena.
En medio del menú de lujo —que incluyó espárragos con langosta y caviar, aves con trufas y un postre de chocolate caliente— apareció el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, llevando un documento hasta la mesa presidencial.
Era el memorándum de entendimiento entre Estados Unidos e Irán.
Minutos antes de la medianoche, Donald Trump tomó su tradicional marcador negro y firmó el documento ante la mirada de los invitados. Emmanuel Macron fue el primero en aplaudir la escena y exclamó: «¡Bravo, buen trabajo!».
Según admitieron posteriormente integrantes del gobierno francés, la firma no figuraba en el programa oficial y tomó por sorpresa incluso a los ministros presentes.
¿Qué establece el acuerdo?
El memorándum busca poner fin a las tensiones en Oriente Medio y reabrir el Estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes del mundo para el transporte de petróleo.
Como parte del entendimiento, Irán se comprometió a diluir parte de su uranio enriquecido en el marco de futuras negociaciones, mientras que Estados Unidos aceptó avanzar hacia el levantamiento de determinadas sanciones económicas.
Las partes volverán a reunirse este viernes en Suiza para realizar una nueva firma formal y abrir las conversaciones técnicas, que tendrán un plazo de 60 días para alcanzar un acuerdo definitivo.
Una nueva página en la historia de Versalles
Pasada la una y media de la madrugada, Trump abandonó el Palacio de Versalles exultante. Frente a los periodistas que lo esperaban, resumió la singular jornada con una frase que rápidamente dio la vuelta al mundo:
«Acabo de firmarlo. Aquí, en Versalles».
Lo que comenzó como una cena de despedida organizada con todo el esplendor de la diplomacia francesa terminó convirtiéndose en una de las escenas más inesperadas de la cumbre del G7: una mezcla de geopolítica, improvisación y un nuevo episodio memorable en la larga historia del Palacio de Versalles.





