Los resultados de una investigación pusieron el foco en una variable que podría anticipar el riesgo para el próximo verano.
Argentina se prepara para la temporada cálida con El Niño en desarrollo y nuevas advertencias sobre su posible impacto en el dengue. El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) había informado que el fenómeno estaba activo en el Pacífico ecuatorial, mientras que los pronósticos internacionales anticipaban su intensificación. En este contexto, investigaciones científicas analizaron cómo la combinación de factores climáticos y ambientales puede modificar el riesgo de transmisión durante el verano 2026-2027.
Un estudio disponible como preprint en Research Square examinó 817.699 casos de dengue registrados en 473 departamentos del norte y centro del país entre 2009 y 2025. Los resultados asociaron los años de El Niño con un mayor riesgo de transmisión, incluso al considerar las condiciones meteorológicas de cada estación. Sin embargo, los autores aclararon que el modelo identifica zonas y períodos de mayor riesgo, pero todavía presenta limitaciones para calcular la magnitud de los brotes.
Por qué la primavera puede anticipar el riesgo de dengue
La temperatura de la primavera anterior mostró una relación no lineal con la transmisión posterior. Esto significa que el efecto del calor no aumenta de manera proporcional en todos los rangos térmicos. A su vez, las temperaturas más elevadas y una mayor humedad relativa durante el verano se vincularon con un riesgo superior. La cercanía a basurales también apareció como un factor asociado a una mayor exposición.
El comportamiento del mosquito Aedes aegypti ayuda a explicar estos resultados. Como depende de la temperatura ambiental, el calor puede acelerar su desarrollo y acortar su ciclo reproductivo. Investigaciones publicadas en revistas científicas también encontraron vínculos entre las condiciones de las estaciones previas y los brotes posteriores. No obstante, el nuevo trabajo todavía debe superar la revisión por pares, por lo que sus conclusiones requieren cautela.
La evidencia internacional refuerza la importancia de estudiar el fenómeno. Una investigación publicada en The Lancet Planetary Health analizó más de 18,8 millones de casos en 1.237 localidades de 21 países entre 2000 y 2019 y encontró una asociación entre la intensidad de El Niño y el riesgo de dengue. Otro estudio de Nature Communications, basado en datos de 57 países entre 1980 y 2024, también identificó una relación entre las fluctuaciones climáticas y la variación anual de los casos.
Para la primavera de 2026, el pronóstico del SMN anticipa mayores probabilidades de lluvias superiores a lo normal en el centro y el Litoral, mientras que Cuyo presenta perspectivas de temperaturas inferiores a lo habitual. Estas diferencias regionales son importantes porque El Niño no genera las mismas condiciones en todo el territorio. La acumulación de agua en recipientes, la circulación viral y las características urbanas también influyen en la propagación.
Ante este escenario, los investigadores plantean que los mapas de riesgo podrían ayudar a orientar la vigilancia epidemiológica y las medidas preventivas con anticipación. La estrategia nacional incluye vacunación focalizada en departamentos priorizados para determinados grupos etarios. Aunque los estudios no permiten asegurar cuántos casos habrá durante el próximo verano, sí ofrecen herramientas para identificar dónde conviene reforzar la eliminación de criaderos, el control del mosquito y la prevención.





