«Estamos profundamente emocionados. Víctor podrá abrazar a su papá en pocas horas», expresó María Gómez, esposa del gendarme argentino.
El gendarme argentino Nahuel Gallo fue liberado después de 448 días de secuestro en Venezuela, donde permaneció detenido en la cárcel de El Rodeo I sin comunicación con su familia, sin asistencia legal propia ni consular y sin un proceso judicial público.
El cabo primero de la Gendarmería Nacional Argentina regresó al país para reencontrarse con su hijo Víctor, su pareja María Alexandra Gómez y su madre Griselda, quienes sostuvieron el reclamo por su liberación durante toda la detención. Fueron 10.750 horas de incertidumbre, atravesadas por el silencio oficial y denuncias de desaparición forzada.
Acabo de hablar con Nahuel Gallo y puedo informarles que ya está volando hacia la Argentina. Estamos profundamente emocionados. Víctor podrá abrazar a su papá en pocas horas.
Gracias a todos por estar pendientes.
— Maria alexandra Gomez (@gg_alexand95764) March 1, 2026
El primer indicio de su liberación ocurrió esta misma semana, cuando logró comunicarse por primera vez con su pareja en medio de una entrevista radial. Esa llamada confirmó dos datos clave: que estaba vivo y que seguía alojado en El Rodeo I. La comunicación se produjo después de que los extranjeros detenidos iniciaran una huelga de hambre para exigir la aplicación de la ley de amnistía aprobada para presos políticos.
La caída de Nicolás Maduro y el giro político
La liberación se dio tres semanas después de la captura de Nicolás Maduro, quien fue trasladado desde Caracas a Nueva York tras una incursión militar y quedó a disposición de la Justicia estadounidense, acusado de conspiración, narcotráfico y terrorismo. El régimen quedó descabezado y comenzó un proceso de liberaciones que incluyó a extranjeros y presos políticos.
El anuncio formal lo realizó Jorge Rodríguez, que habló de “razones humanitarias” y evitó reconocer que se trató de una desaparición forzada. En el interín, Delcy Rodríguez asumió el control de un gobierno provisional sin legitimidad plena.
Para la familia de Gallo, la noticia significó alivio, pero también cautela. Durante más de un año, sostuvieron que no se trató de una detención común, sino de un secuestro político. El propio Maduro había acusado públicamente al gendarme de integrar una supuesta conspiración para asesinar a Delcy Rodríguez, sin presentar pruebas ni abrir una causa judicial formal.
El inicio del calvario y el operativo secreto
El 6 de febrero del año pasado, Gallo viajaba hacia Anzoátegui, donde lo esperaba su pareja junto a su hijo pequeño. Había pedido autorización a la Gendarmería —estaba destinado en Uspallata, Mendoza— y tenía previsto ingresar a Venezuela por un paso fronterizo formal.
Ese día envió mensajes breves hasta que escribió el último, definitivo: “Me están llevando”. Después, el silencio.
Con el paso de los días, la palabra “desaparición” empezó a imponerse. Más tarde se confirmó que había pasado por distintos centros de detención hasta quedar alojado en El Rodeo I, donde también operaba la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), organismo señalado por su rol en el aparato represivo conducido por Diosdado Cabello.
Mientras tanto, María Alexandra inició un peregrinaje por oficinas públicas, fiscalías y dependencias diplomáticas. En febrero decidió mudarse a Caracas para intensificar el reclamo. Meses después, ante la falta de respuestas y el aumento de amenazas indirectas, organizó un operativo secreto de extracción con apoyo del Ministerio de Seguridad argentino —entonces a cargo de Patricia Bullrich—, Estados Unidos y Colombia.
Expectativa por la inminente liberación del gendarme argentino Nahuel Gallo
La salida fue por Cúcuta, luego Bogotá, Panamá y finalmente Buenos Aires, siempre junto a su hijo. En paralelo, Gallo permanecía incomunicado, sometido a interrogatorios y aislamiento. Según denunciaron sus allegados, su libertad no dependía de una causa judicial sino de una negociación política. En ese período también fue detenido otro argentino, Germán Giuliano, en un episodio similar.
La presión internacional creció con el correr de los meses. Entre los reclamos públicos se sumó el de Donald Trump, quien exigió la liberación de presos políticos y extranjeros.
Tras la caída de Maduro, el escenario cambió. La liberación de rehenes se convirtió en una necesidad política para las autoridades provisorias. Así, después de casi 450 días, Gallo recuperó la libertad. Su hijo cumplirá tres años el 21 de enero. Esta vez, su padre estará presente.
La historia no termina con la liberación. Quedan secuelas, preguntas y responsabilidades pendientes. Pero un hecho quedó establecido: Nahuel Gallo sobrevivió a 448 días de secuestro en una cárcel venezolana y volvió a la Argentina tras la caída del régimen que lo mantuvo cautivo.





